Las restricciones establecidas para las actividades culturales
tras el levantamiento del estado de alarma, están siendo
determinantes para la recuperación del sector, resultando inviables
los eventos culturales con las limitaciones de aforo fijadas. Una
precariedad no reconocida que está afectando de pleno a las empresas
de sonorización e iluminación, una situación que no tiene visos de
cambiar. No obstante, el rock siempre ha estado identificado como una
música de minorías y en los tiempos que corren incluso se hace
mucho más evidente dicha afirmación. Lo pudimos comprobar el pasado
sábado al mediodía en el Big Rock Sessions, un evento organizado
por la radio Vinilo FM, en la terraza de su sede, para seguir
promocionando su cerveza artesana “Big Rock”. Cerveza & Rock,
un amor sin fronteras para los entendidos.
La forma en que los bizkainos La Última Bala entienden el rock transciende la ley natural, constancia, sacrificio y un sentir genuino que pocos grupos atesoran en sus inicios. Una impecable solvencia en directo, una rabiosa extroversión de sus sentimientos y particular visión de lo que es para ellos el rock, nada menos que actitud y pasión, una auténtica vocación de convertir ese amor por la música en un camino profesional, acariciar su propio proyecto de autorrealización o lo que es lo mismo que no se pierda la ilusión de vivir tan particularmente, viviendo y escuchando el rock. Una declaración de principios sellada con puño y letra, una ofrenda cristalina de honestidad y buen rollo en el empuje.
La forma en que los bizkainos La Última Bala entienden el rock transciende la ley natural, constancia, sacrificio y un sentir genuino que pocos grupos atesoran en sus inicios. Una impecable solvencia en directo, una rabiosa extroversión de sus sentimientos y particular visión de lo que es para ellos el rock, nada menos que actitud y pasión, una auténtica vocación de convertir ese amor por la música en un camino profesional, acariciar su propio proyecto de autorrealización o lo que es lo mismo que no se pierda la ilusión de vivir tan particularmente, viviendo y escuchando el rock. Una declaración de principios sellada con puño y letra, una ofrenda cristalina de honestidad y buen rollo en el empuje.
Se reivindicaron durante escasísimos 55 minutos, liberando rabia contenida y repartiendo mucho menos decibelios de lo que suele hacer a menudo, debido a las características del edificio, derrochando irreverencia pura en cada nota y sabiduría rock por los cuatro costados. Plena fidelidad a una forma de entender la vida, creyendo en lo que hacen y disfrutando simplemente con la música. Un grupo con estilo consolidado y con cosas que decir, equilibrando tradición rockera con alma callejera tras un arranque de ímpetu y sinceridad en “Nadie Más Que Tú”, “Inadaptados” y “Mírame”, desarrollando un gran sentido del ritmo y desplegando ese suculento aroma evocador de los ochenta con exuberante refinamiento.
Unos músicos de arrojo indomable, de esos que no se conforman exclusivamente en girar en una repetitiva, monótona y rutinaria espiral de estructuras sino que saben encontrar una salida a través de la cual su música encuentre nuevos caminos, elevando un escalón más su avidez en “Nena”, “El Mendigo”, “La Ley”, gran capacidad de transmisión y una intensidad que modulan a su antojo, primando el sentimiento unido a la calidad, y siendo capaces de tender los terrenos apropiados en la recta final pese a la comparecencia de la policía municipal, plena incandescencia y transpirar rockero en “La Ley” y la presentación de “‘Los Lobos Aúllan Por Mí”, canción que irá incluida en su próximo disco de estudio. Un ejercicio de honestidad musical infinita que complació estupendamente las expectativas del rockero fiel hasta la muerte.






